Más allá de las experiencias y aprendizajes que pueden trazar un camino a partir de casos reconocidos en torno al tratamiento de los residuos sólidos urbanos en otros países, y en otras ciudades argentinas, creemos que este sendero de trabajo y concientización debe ser local y colectivo.

Por estos motivos, el Proyecto de Recuperadores Colectivos busca articular el trabajo de la Coop. La Esperanza con el de otros actores cordobeses para pasar de la generación individual de basura - y una generación colectiva de contaminación - a una recuperación colectiva del trabajo y el ambiente: a una recuperación de otro modo de sociabilidad.

Parte importante para esta concientización es deconstruir el concepto de basura y lo que se considera desecho, del mismo modo que urge derribar los preconceptos que excluyen a los recuperadores informales condenándolos a la invisibilidad y la desidia laboral, cuando en realidad son los primeros actores vitales en el proceso del reciclado. Por lo tanto debemos educarnos en una visión ecológica que no acaba en lo ambiental sino que debe ser también social: recuperar a la comunidad para recuperar los residuos, y recuperar los residuos para recuperar el ambiente.

 

A pesar del anuncio de planes de reciclado y tratamiento, actualmente, la ciudad de Córdoba entierra unas 60.000 toneladas de basura cada mes. Los programas y políticas tradicionales acerca de la gestión de residuos sólo mencionan a la ciudadanía para decir cosas como: “los ciudadanos son quienes que generan la basura”, o “hay que educar/concientizar a la sociedad”, “la culpa es de la sociedad que no colabora”. Desde La Esperanza, creemos que esta es una verdad a medias (por tanto, una mentira) que contrasta con los siguientes 3 puntos que caracterizan la problemática de los residuos en Córdoba:

 

  1. El grueso de los residuos domésticos provienen de envoltorios, cajas, bolsas, botellas y demás desechables que acompañan a los productos de consumo masivos. Por tanto, cuando compramos un producto también estamos comprando su envase. Si este material es altamente contaminante o muy costoso para reciclar, el envoltorio pasa a ser un problema social que nos “regala” la empresa productora.

  2. Un envase contaminante, no reutilizable o costos para reciclar es un problema social, porque como sociedad asumimos el costo económico (con nuestros impuestos) y ambiental (con nuestra salud y la del medio ambiente) de la gestión de esos residuos.

  3. Las experiencias de otros países o ciudades argentinas, tienen que servirnos para formarnos, reconocer los puntos fuertes y las debilidades de esos procesos. Sin embargo, muchas políticas públicas y privadas proponen insertar esos “modelos exitosos” sin considerar las particularidades, de nuestra sociedad cordobesa, nuestro pasado, presente y futuro. Mientras tanto, el grueso del presupuesto público se destina al servicio de recolección y a la infraestructura para la disposición final, y no para la disminución, tratamiento y recuperación.

 

A raíz de estas reflexiones, desde la Coop. La Esperanza afirmamos que para concientizarnos y cambiar nuestros modos de relación con la naturaleza debemos comenzar cambiando como nos relacionamos entre nosotros: por eso apostamos a un proyecto local y colectivo.

 

 

ETAPAS DEL PROYECTO RECUPERADORES COLECTIVOS (PRC)

 

 

(Véase también CONSUMO RESPONSABLE)

 

¿Cómo recuperar los residuos colectivamente?


En cada edificio/institución que se sume al Proyecto de Recuperadores Colectivos vamos a disponer de cestos comunes* para:

 

Papel: papel tipo oficina, cuadernos, revistas, diarios. Secos y limpios.

Cartón: de cajas de embalajes y envases. Limpios y plegados para que ocupen menos espacio.

Vidrio: botellas y frascos sin restos de bebidas/comidas. Vidrios planos.

Metales: piezas metálicas ferrosas (hierro, acero) y no ferrosas (aluminio, cobre, plomo, estaño); por ejemplo, tapitas de aluminio (tipo yogurt, queso untable, etc). 

 

*de acuerdo a lo producido y a lo acordado en cada caso, habrá 1, 2, 3 o 4 cestos por edificio.

 

 

 

 

Limpios y secos: Es importante que todos los materiales sean depositados en esa condición para facilitar/habilitar su reciclado. Por ejemplo, si pedimos una pizza, la parte de la caja que está impregnada con la grasa del queso no se puede reciclar, mientras que la parte “limpia” sí.

 

Ubicación de los cestos: en lugares de común acceso, dentro del edificio.

 

Retiro: Semanal (en los días acordados con cada Recuperador Colectivo)

Desde la Coop. La Esperanza coordinaremos semanalmente para realizar el retiro de estos materiales que luego serán acopiados, acondicionados e insertos a los procesos productivos correspondientes para su reciclaje.

En paralelo a estas tareas, estamos trabajando para poder ampliar las variedades y cantidades de materiales a recuperar, a fin de que no terminen en basurales y que puedan generar valor para nuestra sociedad.

 

 

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Los 3 ejes del Proyecto

Los ejes que presentamos a continuación son parte de categorías “analíticas” a fin de representar e interpretar la totalidad del proyecto. Creemos firmemente que todo lo que esté intervenido por hombres y mujeres es social y político, por tanto, la economía es social y la naturaleza actual es una naturaleza socializada y globalizada (toda actividad humana genera impactos en la naturaleza como un todo, por más que se desarrolle en un marco local, nacional o internacional). Con todo, podemos interpretar el Proyecto de Recuperadores Colectivos desde los siguientes ejes:

 

 

laboral

En el caso argentino, el fenómeno “cartonero/carrero” toma visibilidad y conocimiento público a partir de la crisis institucional de 2001, donde las altas tasas de desocupación y pobreza, las restricciones para importar y la devaluación de la moneda nacional, redimensionan la actividad de recuperación de materiales reciclables[1]. De este modo, grandes masas de trabajadores/as que fueron expulsados por el proceso de ajuste estructural que se dió a partir de 1976, y se agudizó durante la década de 1990, encontraron en la recuperación de residuos una fuente de sustento para sobrevivir y una actividad laboral como estrategia de vida.

Sin embargo, a pesar de tener una fuerte vinculación con la crisis del mercado del trabajo que se agudiza hacia fines del siglo pasado, la actividad del cirujeo (sea en carros a caballo o a pie) se origina mucho antes. Uno de los registros más antiguos, se encuentra dentro del material de un Curso de Higiene Pública de 1885, donde Eduardo Wilde los denomina “Cirujanos de la basura, profesional que anda entre los huesos”. En esa época, ya algunos reconocían la actividad como una profesión y de allí viene el término ciruja (por esas épocas, lo más “valioso” en los basurales eran los huesos, trapos y metales).

Actualmente, dentro del concepto recuperadores de residuos (o recuperadores urbanos) se engloba a cirujas, carreros, cartoneros y demás hombres y mujeres que realizan la recuperación de materiales, en la calle, basurales informales o vertederos controlados. Algunos investigadores subdividen a este gran grupo de recuperadores según el tiempo que dedican a la actividad; distinguiendo entre históricos, esporádicos e intermitentes[2].

Resulta fundamental considerar que:

  • Si se considera los volúmenes de recupero de materiales gestionados por los/as recuperadores/as de residuos, Argentina está en altos niveles de reciclado - comparable con muchos países del llamado “primer mundo” (Schamber, 2008).

  • El grueso de la actividad se realiza al margen de la legislación vigente.

  • “Aún cuando los recolectores aparentan estar trabajando para sí mismos, de hecho, forman parte de una organización industrial” (Brikbeck, 1979).

 

Por todos estos motivos, y por muchos más, el Proyecto de Recuperadores Colectivos y de poder avanzar con nuestra Planta de Reciclado es para nosotros de suma importancia. Dentro de nuestro colectivo hay diversidad de historias, de presentes y de visiones de futuro, por lo que es esencial poder ampliar el trabajo que se viene haciendo desde la cooperativa, mejorar las condiciones laborales y ofrecer más y mejores puestos de trabajo, donde los socios puedan elegir de acuerdo a sus preferencias, intereses y posibilidades (control y cuidado de basurales, limpieza de espacios verdes, parquización, recupero de materiales, carpintería, etc.). La fuerza laboral es clave en el proceso de reciclado de materiales, pero este trabajo debería desarrollarse al menos en igualdad de condiciones respecto a otros rubros similares.

El reconocimiento del servicio público que se realiza desde la Coop. La Esperanza y demás trabajadores del sector, debe venir acompañado del cumplimiento de derechos y responsabilidades materiales (salario mínimo, obra social, vacaciones, etc.) y simbólicas (la desestigmatización de una actividad con numerosos beneficios socio-ambientales).

 

 

Ambiental

“La experiencia mundial muestra que la generación de residuos varía no sólo con la cantidad de habitantes, sino también con la incidencia de otros factores como el nivel de vida y poder adquisitivo, los hábitos de consumo, los sistemas productivos, los métodos de embalaje y envasado de bienes y servicios y, en general, los aspectos relacionados con el crecimiento económico de los países”[3].

En la anterior frase, se identifican las principales variables que influyen en la generación de residuos como problemática ambiental. Reflexionar sobre esto, nos permite acercarnos a afirmaciones como la siguiente: “Los problemas ambientales surgen de una contradicción entre el ritmo de los ciclos biogeoquímicos [“naturales”] y el ritmo de los ciclos de producción humanas”[4]. Cuando escuchamos “crisis ecológica”, “crisis medioambiental” o “cambio climático", tenemos que recordar que la crisis no es de “la naturaleza” (sin la humanidad) sino de “la humanidad” (con la naturaleza). El desequilibrio se genera porque los ciclos biogeoquímicos permanecen constantes mientras que los ritmos de depredación de recursos naturales y de generación de basura se aceleran día a día. En 1960, la humanidad utilizaba la mitad de la capacidad biológica del planeta. En el año 2003, utilizamos 1,25 veces la biocapacidad del planeta: es decir, la Tierra necesitó 1 año y 3 meses para generar los recursos ecológicos que consumimos durante el año 2003[5].

La actual problemática ambiental, muestra en la basura una de sus caras más visibles en un marco de creciente toxicidad de los productos de consumo masivo (agrotóxicos, electrónicos, etc.) y de sus envases (sobre todo provenientes de la industria petroquímica). Además de poner en riesgo nuestra salud y nuestro entorno, en general, la zona sur de la ciudad de Córdoba, particularmente, sufre cotidianamente la expropiación de su derecho a un ambiente sano y equilibrado[6].

Recuperar materiales impacta positivamente en nuestra tierra y nuestra salud, en los cientos de basurales que hay en la ciudad de Córdoba y en los rellenos sanitarios. El reciclado permite achicar ese desequilibrio entre la humanidad y la naturaleza.

 

 

Social

En este contexto, Córdoba hace más de 30 años que tiene un modelo de gestión de residuos orientado hacia la disposición final y no hacia la recuperación/reciclaje. Mientras la mayor parte de los recursos económicos de la provincia se destinan a la construcción de infraestructura para nuevos rellenos sanitarios, la ciudad destina unos $133 millones mensuales al servicio público de higiene urbana (privatizado en dos empresas que realizan la recolección, traslado y limpieza de algunos espacios comunes).

Desde la Municipalidad proponen“inclusión s ocial” mediante la incorporación de cooperativas de recuperadores. Sin embargo, esto no viene acompañado de recursos técnicos y financieros para promover la creación de cooperativas (por lo cual gran parte de los trabajadores siguen en plena informalidad). Por otro lado, no se considera la“reconversión” de los/as trabajadores/as (pasar de carrero-cartonero-ciruja a operario de planta). Y, quizás lo más importante, no se considera que el modelo de centros verdes que se impulsa puede ser viable y sostenible sólo en ciudades muy pequeñas. En Córdoba, donde se estima que la población de “recuperadores” es de aproximadamente 3.000 personas, sería insostenible presupuestariamente, ya que la optimización de la gestión de las plantas (en términos de eficiencia) sería contraria a la demanda masiva de mano de obra.[7]. Esto nos conduce a la realidad actual: la ciudad cuenta con 4 Centros Verdes que emplean a 185 trabajadores/as y todavía la relación materiales generados - recuperados no supera el 1%.

 

Los carreros, cartoneros y cirujas son un actor clave a partir de la cual la basura se convierte en mercancía, siendo el primer eslabón de la cadena de reciclaje[8]. En la ciudad, todavía no se ha hecho ningún relevamiento/estimación oficial acerca de cuántas personas realizan esta actividad, mientras que las cooperativas del sector tienen que luchar día a día para ser consideradas o simplemente poder seguir funcionando.

Nosotros (como sociedad) definimos qué es basura y qué es residuo, qué sirve y qué no, cuál puede ser una fuente de trabajo y qué otra sólo dará contaminación. Nosotros definimos qué modelo de desarrollo queremos para nuestro presente y futuro. Por lo tanto, nuestro mensaje desde la Coop. La Esperanza no es “seamos héroes, salvemos el mundo”, sino seamos más solidarios con nuestros hermanos (de la zona sur, de Bouwer, de Nuestro Hogar III, etc.). Construyamos desde lo colectivo, afianzando las relaciones sociales en busca de superar la actual desigualdad estructural que presenta nuestra comunidad.

Desde este espacio, creemos que al momento de definir las políticas públicas que afectan a toda la población debe haber participación de organizaciones del sector, movimientos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos en general. Estamos seguro que potenciar las capacidades y favorecer el desarrollo de los compañeros y compañeras que hace décadas vienen trabajando con los residuos es una opción superadora a la centralización de los recursos (ya sea en el Estado o en empresas privadas).

El contexto (global, nacional y local) es favorable para desarrollar nuevas formas de trabajo, de relación con el ambiente y de sociabilidad en general.

La invitación desde la Coop. La Esperanza es a apostar por la construcción colectiva de espacios dadores de sentidos, buscando más y mejor trabajo y un mejor medioambiente, es buscar una sociedad mejor.

 

 

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Para ponernos en contexto

Históricamente, la “gestión pública” de la basura consistió en “hacerla desaparecer”. En Córdoba, hasta principios del siglo XX, la basura se arrojaba en el cauce del Río Suquía y La Cañada. Luego, el modelo de gestión “ideal” pasó a ser la incineración. El primer horno para quema de basura entró en funcionamiento en 1910, en Barrio Observatorio. En 1960, se agrega otro horno, más grande, en Barrio Villa Belgrano[9]. Actualmente, como antes mencionamos, la ciudad de Córdoba entierra alrededor de 60.000 toneladas de basura cada mes.

 

¿Por qué reciclar?

Existen varias razones importantes. Disminuir el consumo industrial de recursos naturales no renovables (como petróleo y metales) o renovables (como árboles) y disminuir también el consumo de energía durante el proceso productivo de nuevos bienes (papel, cartón, envases, muebles, etc.).

Por otro lado, el proceso de reciclado requiere de muchos puestos de trabajo, que van desde la recolección hasta la producción y venta de productos reciclados.

De modo de que la basura que no separamos y que es recolectada para ser depositada en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto, en más o menos tiempo, sólo genera contaminación del agua, la tierra y el aire. Mientras que cuando los materiales entran en el circuito del reciclado disminuye la explotación de recursos naturales y la contaminación, generando además fuentes de trabajo genuino y valor agregado para toda la comunidad.

 

 

Algunos mitos y “verdades a medias”:

- “Las sociedades humanas siempre han producido residuos”.

- “El principar problema para reciclar materiales es la falta de educación de la sociedad”.

- “La gente no entiende lo que está pasando con el planeta”.

- “Las nuevas tecnologías van a solucionar todos los problemas con el ambiente”.

- “Acá hay que hacer lo mismo que hacen en Europa”.

- “Todas las actividades humanas producen residuos”.

 

El uso de envases y envoltorios plásticos comenzó a masificarse en las últimas décadas del siglo XX, siendo derivado del petróleo. Una botella de plástico, por ejemplo, solo puede reciclarse entre 6 y 8 veces. Por otro lado, el vidrio fue inventado por los egipcios en el año 4.000 A.C., mientras que se puede reciclar indefinidamente, pero utiliza mucha energía para ser fundido.

 

 

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[1] PAIVA, V. (2004), “Las cooperativas de recuperadores y la gestión de residuos sólidos urbanos en el área metropolitana de Buenos Aires”, Theomai, Invierno, Número especial, Universidad Nacional de Quilmes.

 

[2] SCHAMBER, Pablo (2008) De los desechos a las mercancías. Una etnografía de los cartoneros. Buenos Aires: SB.

 

 

[3] Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, (2005). Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

 

[4] FOLADORI,G. y PIERRI, N (2005) ¿Sustentabilidad? Desacuerdos sobre el desarrollo sustentable, Colección America Latina y el Nuevo Orden Mundial. México: Miguel Ángel Porrua, UAZ.

 

[5] Red de la Huella Global (Global Footprint Network) (2006). Disponible en: http://goo.gl/37S6SA

 

[6] Ver Artículo 45 de la Constitución Nacional Argentina

 

[7] Para más información acerca de este análisis ver Shamber (2008), op. cit.

 

[8] SCHAMBER, Pablo J. y SUÁREZ, Francisco M. (2007) Recicloscopio. Miradas sobre recuperadores urbanos de residuos de América Latina. Buenos Aires: Prometeo.

 

[9] Gonzalez Salva, C., Pintos Iacono, G. & Ficco, J. J., 2011.El Servicio Municipal de Residuos Sólidos Urbanos en la Ciudad de Córdoba desde la Perspectiva de la Ciudadanía y del Derecho a la Ciudad. Disponible en: http://goo.gl/RW7OSG

 

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